Mediante una serie de estudios científicos, cuyo resumen encontrará en el apartado “Estudios científicos no clínicos”, se ha probado que suplementar diariamente la dieta con colágeno hidrolizado (CH) puede ayudar a combatir este proceso de degradación de los tejidos colaginosos. Además, los estudios clínicos efectuados sobre pacientes afectos de enfermedades reumáticas no autoinmunes relacionadas con la degeneración de estos tejidos, han demostrado que la ingesta continuada de CH puede ser también de ayuda en su tratamiento sintomático, al mismo tiempo que colabora a la reducción y retrasa la aparición de las arrugas dérmicas (ver apartado “Estudios clínicos”).

Aunque una dieta rica en colágeno podría hacer innecesaria la suplementación con esta proteína, nos encontramos con que no todo el colágeno que ingerimos es utilizado por nuestro organismo con la misma eficacia y rapidez. Como hemos visto en el apartado anterior, el colágeno nativo es una molécula grande y compleja, de difícil absorción por el aparato digestivo. Si lo ingerimos crudo, prácticamente no se  aprovecha

Con el paso del tiempo, la producción de los componentes de los tejidos colaginosos por parte de las células especializadas que los generan -fibroblastos del tejido conectivo, condrocitos del cartilaginoso y osteoblastos del óseo- se reduce y el equilibrio síntesis/resorción de estos tejidos (turnover) se desequilibra, con su consecuente envejecimiento y pérdida de flexibilidad.

 

 

Las carnes que comemos habitualmente contienen un porcentaje de colágeno proveniente de la aponeurosis que recubre la estructura muscular y de los tendones o cartílagos que las acompañan. Sin embargo, por regla general, cuanta más magra es la carne menos colágeno aporta. Por otra parte, la incidencia de las enfermedades relacionadas con la degradación del propio colágeno aumenta con la edad, pero es precisamente en la edad adulta, y especialmente en edades avanzadas, cuando es más conveniente reducir la ingesta de carne.

 

Estos problemas se eliminan cuando el colágeno ha sido completamente desgrasado y predigerido (hidrolizado), aumentando su biodisponibilidad para ser utilizado por nuestro organismo.

 

e incluso puede  provocar  digestiones largas y pesadas, originando flatulencia y malestar. Además, muchos de los alimentos con un alto contenido en colágeno presentan perfiles nutricionales poco recomendables para una dieta diaria, bien sea por su alto contenido en grasa (embutidos) o en azúcares (postres gelatinosos), o por requerir tiempos largos de elaboración (caldos de carne y pescado, algunos platos de la cocina tradicional a base de cartílagos como los pies de cerdo, cocidos, etc.).

 

 

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